A través de la lectura se puede ayudar al niño a entender mejor una pérdida. Por ello, la revista Adiós Cultural, editada por Funespaña, convoca cada año un concurso de cuentos infantiles. Esta iniciativa se desarrolla con el objetivo de establecer herramientas docentes de ayuda eficaces y de distintas visiones para mostrar a los niños la realidad de la muerte como parte del ciclo de la vida.

Funespaña ha subido tres de estas obras originales a Internet con la idea de ponerlas a disposición de todas las familias que lo deseen de forma totalmente gratuita.

 

¡Me muero de chicle! (Laura Arnedo)

Es una obra que logra explicar muy bien el concepto de la muerte. Acierta a transmitir con lenguaje ingenuo y sencillo la percepción de la muerte para un niñoconsiguiendo hacer una excelente descripción de las emociones.La historia está narrada por una niña y subraya la igualdad a través de un lenguaje inclusivo.

El mismo también se refuerza con una imagen que ya empieza a ser más habitual, la de las niñas jugando al fútbol en los patios de los colegios”.

Pim, pam, pim, pam (Virtudes Olvera)

Olvera explica de su relato: “Es la muerte, como concepto, algo inaprensible para las personas más menudas. Y un tema incómodo de tratar para padres y madres: el dolor que conlleva la pérdida es una emoción de la que intentamos salvar a los hijos a los que queremos ver siempre alegres y felices. Sin embargo, las emociones negativas también forman parte de la vida y son igualmente necesarias en nuestra construcción como personas. A partir de ahí, debemos enseñar a cómo gestionarlas para que la percepción de nuestros niños/as sea de normalidad. Por ello, en el relato he intentado poner de manifiesto esa necesidad de no huir de lo desagradable.

También me pareció fundamental el asunto de la dosificación de la información. Cuánto contamos a nuestros/as hijos/as dependerá de la madurez que tengan en cada momento. Tratémosles, además, con el respeto que merecen, sin insultar su inteligencia. Otro aspecto importante es el de construir excelentes puentes comunicativos: debemos ser referentes estables, personas confiables, adultos que contestan a sus mil dudas y que no se esconden ni huyen. 

Por eso el diálogo es fundamental. Y por supuesto el formato de la explicación debe reconocerse como espacio común por los niños y niñas: el juego es ese espacio común. En ese ámbito los/as pequeños/as se sienten cómodos y todo parece más amable, incluso lo que no lo es.

En cuanto a la muerte en concreto, resulta fundamental reconocer su existencia como parte de la vida, asumiendo nuestra mortalidad. Y sabiéndonos conocedores del tiempo que tenemos, debemos educar en un amor por la vida, en un disfrute de todo lo que nos rodea y en un no olvidar a los que nos precedieron porque a través de su recuerdo todos y todas somos, también durante un tiempo, un poco inmortales.

Calimero y mi tía, la de las gallinas (May Flores Manzano)

La idea nació de la pérdida del hámster de los sobrinos de la autora. En un principio los pequeños aún guardaban la esperanza de que el animal solo estuviera muerto por un corto periodo de tiempo, como les pasa a menudo a los personajes de ficción de las películas, de los videojuegos o de sus dibujos animados favoritos. “Ante esta situación, aparece el planteamiento de conocer cuál es el significado del término muerte para ellos; qué sentimientos les despierta, qué preguntas les rondan por la cabeza. Sin duda, el ritual del fallecimiento es harto conocido por los niños e incluso utilizado en sus juegos, y la curiosidad innata en los pequeños siempre está presente, aunque no vivan un duelo directo.  Ellos saben que, con la muerte, algo cambia en nuestras vidas; tienen sus propias ideas y las representan a su manera e intentan imitar los ritos de los mayores, sin saber exactamente qué significan, tal como hacen Ada y sus amigos en el cementerio de los animales.

Sin embargo, la muerte les cambia la vida cuando entra en ésta y les arrebata a los que tanto quieren, como una mascota o un familiar con el que guardan una estrecha relación, sobre todo cuando descubren que estos seres queridos no volverán a estar nunca más vivos entre ellos. Cualquier duda o incertidumbre generada por esta circunstancia puede convertirse en un dolor profundo que no saben gestionar.

Entonces es importante que un adulto los acompañe en el triste descubrimiento de la pérdida y les hable con sinceridad y de la manera más simple posible sobre sus conocimientos en esa relación tan inseparable entre la vida y la muerte. Ada encuentra en su tía Conoce a esa persona que la ayuda a entender sus miedos y sus interrogantes cuando esto le ocurre. Y de alguna manera, sin ninguna de las dos saberlo, la tía prepara a la niña para que ella sola sepa enfrentarse a ese dolor cuando surja de nuevo; para que aprenda que la muerte es esa parte inevitable que hay que aceptar como una etapa natural de la vida, en la que cada recuerdo será un aliento de ese ser que se fue”.

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